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Orígenes e historia

La lengua catalana es una lengua románica del grupo de las neolatinas, nacida entre los siglos VIII y X en una parte de Cataluña, en la Cataluña Norte y en Andorra, en los territorios del Imperio carolingio que formaban los condados de la Marca Hispánica.

En los siglos XII y XIII se extendió al resto de Cataluña, a la mayor parte del País Valenciano, a las Islas Baleares, a la Franja (Aragón), a la ciudad sarda de Alguer y a la comarca murciana del Carche, y la frontera lingüística quedó establecida al final del reinado de Jaime I.

Actualmente, se extiende sobre un territorio de unos 68.730 km2 habitado por 13.740.000 personas pertenecientes a cuatro estados: Andorra, España, Francia e Italia.

Los primeros textos escritos en catalán conocidos actualmente son fragmentos de la versión catalana del Forum Iudicum y el sermonario Les Homilies d'Organyà, ambos del siglo XII.

El catalán tuvo una considerable expansión como lengua de creación y de gobierno (Cancillería Real) entre los siglos XIII y XVI, tiempo en que la corona catalanoaragonesa extendió sus dominios por el Mediterráneo, en Sicilia, Cerdeña, Nápoles e incluso en Atenas. Entre las obras literarias de relieve universal de este período se pueden mencionar las de Ramon Llull, contemporáneo de Dante, las cuatro Cròniques (la de Jaime I o Llibre dels fets, la de Bernat Desclot, la de Ramon Muntaner y la de Pedro el Ceremonioso), las obras de Francesc Eiximenis, Anselm Turmeda, Bernat Metge, Ausiàs Marc o el Tirant lo Blanc, considerada como la primera novela moderna de la literatura occidental. También están en catalán los grandes textos legislativos de este tiempo, como son los Furs de València, Costums de Tortosa, Usatges o el Llibre del Consolat de Mar, recopilación de leyes de comercio marítimo que se aplicaron en todo el Mediterráneo hasta el siglo XVIII. La relación con Italia conllevó que una de las primeras traducciones conocidas de la Divina Comedia fuera la catalana de Andreu Febrer y que también se tradujeran al catalán grandes obras de la literatura del momento, como es el caso del Decamerón.

A pesar de que la lengua catalana tuvo un acceso precoz a la imprenta —como lo demuestra el hecho de que en 1474 ya aparece el primer libro impreso en catalán, Les trobes en llaors de la Verge Maria—, en los siglos del Renacimiento y el Barroco vivió una etapa de decadencia, en cuanto a la literatura culta. A pesar de ello se mantuvo como lengua de la legislación y de la Administración, y como lengua popular. De este período se puede destacar la obra de Josep Vicenç Garcia y Francesc Fontanella en Cataluña, Joan Ramis en Menorca, y Lluís Galiana en Valencia.

Después de la Guerra de los Segadores (1640-1659), las tierras del norte de Cataluña fueron cedidas a la corona francesa e, inmediatamente, el catalán fue prohibido en la educación y en los usos oficiales. En la Guerra de Sucesión a la corona de España (1704-1714), los territorios de la antigua corona de Aragón tomaron partido a favor del archiduque Carlos y lucharon junto a las potencias aliadas. Por ello, después de la derrota de Almansa (1707) y de la toma de Barcelona (1714) y de Mallorca (1715), los territorios de habla catalana perdieron las instituciones propias y el catalán fue excluido de la legislación y de la Administración de justicia y municipal, de la enseñanza y de la documentación notarial y de comercio.

Coincidiendo con los movimientos del romanticismo y del nacionalismo en toda Europa, la lengua catalana vivió una rica Renaixença literaria, cuyo inicio se suele situar simbólicamente con la publicación de la oda La Pàtria (1833) de Bonaventura Carles Aribau, y que tuvo continuidad con la producción poética, teatral y narrativa de muchos autores de Cataluña, las Islas Baleares y el País Valenciano.

En la segunda mitad del siglo XIX, este movimiento dio obras de nivel universal y de un gran éxito popular como son las de Jacint Verdaguer, autor de los poemas épicos L'Atlàntida y Canigó; Àngel Guimerà, que otorgó nivel literario al teatro nacional con obras como Terra Baixa; Narcís Oller, autor de novelas de gran modernidad, como es el caso de La febre d'or. Santiago Rusiñol, Joan Maragall, Ignasi Iglésias, Víctor Català, Miquel Costa i Llobera, Joan Alcover, Joan Salvat-Papasseit, que incorporó el uso de los caligramas, Josep Sebastià Pons y Bartomeu Rosselló Pòrcel son algunos de los autores más populares del primer tercio del siglo XX.

Paralelamente se iniciaron estudios sobre la lengua y se elaboraron diccionarios (como los de Pere Labèrnia, Pere Antoni Figuera, Josep Escrig o Marià Aguiló), tratados de barbarismos y ortografía (como los del mallorquín Antoni Cervera y Joan Josep Amengual o el barcelonés Josep Balari), que son el precedente inmediato de la normativización moderna iniciada a comienzos del siglo XX.

Coetáneamente, el catalán se introdujo en la prensa diaria y periódica de todo el territorio, tanto de alcance nacional como local y comarcal, con periódicos como La Renaixença, El Poble Català, La Veu de Catalunya y, más tarde, La Publicitat y El Matí, y revistas como La Ignorància, El Mole, L'Avenç, y otros.

A principios del siglo XX, en Cataluña el catalanismo político reivindicó la enseñanza de la lengua catalana y su uso en la Administración. Desde las instituciones de poder local que controló y, en especial, desde la Mancomunidad de Cataluña, Enric Prat de la Riba dio un gran apoyo institucional al catalán con la creación del Institut d'Estudis Catalans (1907) y de su Sección Filológica, cuyo primer presidente fue el mallorquín Mn. Antoni M. Alcover, el impulsor del Primer Congreso Internacional de la Lengua Catalana (1906) y del Diccionari català-valencià-balear (1926-1962), obra capital de la lexicografía catalana. El apoyo de Prat de la Riba y del Institut permitieron la institucionalización de la tarea realizada por Pompeu Fabra entre 1913 y 1930 (normas ortográficas, gramática, diccionario), con la que el catalán se dotó de una normativa unificada y moderna.

La Constitución republicana de 1931 y el Estatuto de autonomía de 1932 permitieron en Cataluña recuperar la Generalidad, que el catalán fuera declarada lengua oficial y la realización de una activa política de apoyo a su enseñanza. Las Islas Baleares y las tierras valencianas, en cambio, no llegaron a ver aprobados sus estatutos de autonomía.

Entre los años 1939 y 1975, durante la dictadura subsiguiente a la Guerra Civil (1936-1939), la persecución del catalán fue intensa y sistemática, sobre todo durante los años cuarenta y cincuenta. El régimen de Franco prohibió el uso de la lengua catalana en la educación, en la edición de libros, periódicos o revistas, la transmisión de telegramas y las conversaciones telefónicas en catalán. Es decir, tanto en los usos públicos como en algunos estrictamente privados. La exhibición de películas era forzosamente en castellano y el teatro únicamente podía ser representado en esta lengua, la única que podía ser utilizada en las emisiones de radio y de televisión. La documentación administrativa, notarial, judicial o mercantil era exclusivamente en castellano, y la que se hacía en catalán se consideraba nula de pleno derecho. La señalización vial y la comercial, la publicidad y, en general, toda la imagen exterior del país era en castellano. Durante la década de los cincuenta y de los sesenta, la fuerte inmigración procedente del resto de España —en unos momentos en que ninguno de los territorios de lengua catalana disponía de recursos educativos ni de libertades democráticas— no encontró demasiadas oportunidades de conocer y aprender la lengua catalana, más allá de algunas iniciativas voluntaristas y semiclandestinas.

A pesar de todo, la lengua catalana se mantuvo como lengua de transmisión familiar, tanto en Cataluña y las Islas Baleares, como en el resto de los territorios de habla catalana. En este tiempo muchos escritores formados en la época anterior, algunos de ellos desde el exilio, como Josep Carner, Carles Riba, Josep Maria de Sagarra, Josep Vicenç Foix, Josep Pla, Salvador Espriu, Mercè Rodoreda, Pere Calders, Joan Fuster, Vicent Andrés Estellés o Llorenç Villalonga, escribieron obras de gran relieve.

A la muerte del dictador Franco (1975) y una vez recuperadas las libertades democráticas, la Constitución de 1978 reconoció la pluralidad lingüística y estableció que las lenguas españolas diferentes al castellano podían ser oficiales de acuerdo con los estatutos de autonomía. Los estatutos de Cataluña (1979) y de las Islas Baleares (1983) reconocían el catalán como lengua propia de estos territorios y la declararon lengua oficial junto con el castellano, y también lo hizo, con la denominación legal de valenciano, el del País Valenciano (1982). De manera paralela, la Constitución de Andorra (1993) estableció que el catalán es la lengua oficial del Estado.

Al amparo de los estatutos, los parlamentos autónomos de Cataluña, las Islas Baleares y el País Valenciano aprobaron leyes de apoyo a la lengua catalana, que la introdujeron en la escuela, la Administración y los medios de comunicación.

En Cataluña, la Ley de Normalización Lingüística, de 6 de abril de 1983, puso en marcha un proceso que daba impulso a la recuperación del conocimiento y uso del catalán sobre tres grandes ejes —institucional, medios de comunicación y enseñanza—, los cuales han determinado las principales líneas de acción en este camino hacia la normalidad.

Desde el punto de vista institucional, Generalidad, Parlamento, diputaciones y ayuntamientos adoptaron el catalán como lengua de comunicación habitual, internamente y en su relación con la ciudadanía. El compromiso institucional se reforzó con la Dirección General de Política Lingüística, creada dentro de la Generalidad de Cataluña como órgano de análisis, dirección, planificación, coordinación y ejecución de su política lingüística. La Generalidad también reforzó el apoyo al Institut d'Estudis Catalans y puso en marcha organismos como el TERMCAT, que vela por la terminología desde 1985, o el Consorcio para la Normalización Lingüística, que trabaja desde el territorio por la extensión del conocimiento y del uso de la lengua catalana.

En cuanto a la enseñanza, en 1982 se iniciaba en Cataluña el modelo de conjunción lingüística, con el cual el catalán es la lengua vehicular en la escuela. Se trata de una experiencia de referencia internacional, cuyo balance queda reflejado en los datos más recientes sobre el conocimiento del catalán de niños y jóvenes.

Por último, en cuanto a los medios de comunicación, desde 1976 se han ido creando medios de comunicación, entre los que cabe destacar, por el alcance y la difusión, Televisió de Catalunya, Ràdio 4, Catalunya Ràdio y RAC1 en Cataluña. Hoy, entre públicos y privados, hay más de 20 canales de televisión en catalán, y más de 100 emisoras de radio. En Cataluña, la Xarxa de Comunicació Local reúne una gran cantidad de radios y televisiones locales. El catalán también ha ido recuperando presencia en la prensa, de manera que actualmente hay más de 30 periódicos impresos y digitales en catalán y más de 150 revistas.

El siglo XXI sitúa la lengua catalana entre las 100 primeras lenguas más habladas del mundo.

La presencia social de la lengua catalana en Cataluña al inicio del siglo ha estado condicionada por dos hechos notables: el alud de población inmigrada (en 2015 eran poco más de 1 millón de personas, el 13,7% de la población) y la emergencia de las tecnologías de la información y la comunicación. El primer caso ha incidido en el grado de conocimiento del catalán y en la necesidad de continuar trabajando para generalizar el acceso al conocimiento de la lengua a la población recién llegada.

En cuanto al mundo digital, el catalán está presente con fuerza en diferentes entornos y redes. En un fenómeno de alcance mundial, y teniendo en cuenta las cifras de población catalanohablante, es remarcable el posicionamiento y nivel de uso del catalán dentro de las tecnologías de la información y la comunicación. Se podría destacar, por ejemplo, la Viquipèdia (versión catalana de la Wikipedia), que ya recopila más de 1.000.000 de artículos; o Twitter, donde es la 19.ª lengua más usada. El dominio .cat —disponible desde 2005 gracias a la movilización de la sociedad civil— no ha parado de crecer: más de 50.000 webs con este dominio en el año 2011.

En este comienzo del siglo XXI, a pesar del dinamismo lingüístico de la sociedad catalana, la lengua catalana sigue sufriendo la actitud obstruccionista del Estado español en todos los territorios de habla catalana, como lo corrobora, para citar dos ejemplos, el hecho de que el catalán aún ahora no sea lengua oficial de la Unión Europea o que el uso del catalán en las sentencias judiciales se sitúe en 2015 en un 8,4%.